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agosto 18, 2020

T de Tierra

Parece irónico cómo cuando vamos creciendo, nos enseñan a “limpiarnos” de la naturaleza, como si ésta fuera sinónimo de suciedad: si nos mojamos en la lluvia, tenemos que ir y secarnos; si se enlodan los zapatos hay que quitárselos y dejarlos afuera de la casa; si el sol es intenso hay que estar en la sombra; cuando el viento corre fuerte hay que cerrar las ventanas. Al parecer tener tierra en las manos simplemente «no está bien».

Con el tiempo he aprendido a “des-aprender” (valga la redundancia) una serie de cosas para re-integrarlas de manera distinta. Una que considero de las más importantes es que la tierra y el lodo no son equivalentes a suciedad, que la lluvia nos lava de preocupaciones, el sol nos seca las lágrimas y el viento se lleva los malos pensamientos. 

Para mí el lodo en los zapatos es sinónimo de terapia, de salud y de introspección a través de la conexión con el planeta. Creo que cada amanecer, tormenta o noche estrellada que nos regala la tierra, despierta algo interno en nosotros. 

T de Tierra

Con una sonrisa en la cara puedo decir que he hecho de la naturaleza parte de mi rutina. Espero con ansias los fines de semana para sumergirme en la naturaleza, para abrazar al planeta, dejar que me abrace de regreso a través de todo lo que me ofrece. Para dejar que mi mayor maestra Pachamama me siga enseñando que soy parte de un equilibrio difícil de entender, pero sencillo de aceptar.

Me gusta adentrarme en la naturaleza, perder la mente y encontrar el alma. Me ayuda a recordar que no soy nada más que los cuatro elementos en una pequeña y precisa porción y, por lo tanto, pertenezco a la naturaleza tanto como cualquier árbol. 

Espero el día en que termine la cuarentena para volver a donde me siento más libre, más auténtica y más yo. Ansío poder salir de las cuatro paredes en donde estoy para poder volver a mi verdadera casa: la tierra.

-Ana Pau Treviño

*Una entrada del blog: H de Huarache

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