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mayo 12, 2020

El poder de las preguntas

 “¿Crees que podemos entender a las personas?”, me preguntó mi amiga Luisa. Respondí inmediatamente: “sí”. Aunque, a decir verdad, nunca pensé si ambas dábamos el mismo significado a la palabra “entender”.

Ella refutó enseguida mi respuesta, argumentando que es imposible entendernos los unos a los otros, afirmando que en este mundo estamos solos. De momento me pareció muy radical y, ciertamente, un poco triste también. 

Empecé por tratar de definir el significado de “entender” para mí. Creo que es imposible saber exactamente lo que alguien más está experimentando. Sin embargo, podemos acercarnos a comprender (por no utilizar la misma palabra) lo que las personas comparten empatizando desde nuestras emociones.

Entonces, si alguien se expresa, por ejemplo, de tristeza, podemos acercarnos a comprender de lo que habla. Cuando dije “entender” me refería a que podíamos comprendernos los unos a los otros porque, de alguna forma creo que todos hemos experimentado el sufrimiento, el disfrute, la alegría o el amor.

Esta platica, que parece ser sencilla, duró más de un par de horas y se convirtió en un sinfín de cuestionamientos, en los que cada una exponía su punto de vista. 

Mi amiga Luisa cuestionaba todo lo que yo decía; casi cada palabra que salía de mí. No estoy (o estaba) acostumbrada a que la gente me cuestione tanto sobe todo lo que digo y, al principio, noté mi incomodidad y resistencia a ello.

La realidad es que, al cuestionar mis ideas, me estaba cuestionando también a mí y, por lo tanto, mi ego se sentía atacado. Seguramente en algún momento pudo notarlo en mi cara y fue entonces que aclaró que su intención no era atacar, sino realmente conocerme. Luisa tenía el interés genuino de saber cómo pensaba sin encuadrarlo dentro de sus ideas.

El poder de las preguntas

Las personas nos comunicamos con las mismas palabras, sin embargo, éstas suelen variar de significado para cada quien. Entonces, ¿cómo podemos saber si nos referimos a lo mismo sin preguntarlo?

“Te voy a poner un ejemplo”, dijo mi amiga Luisa. “Si tú me cuentas algo sobre la infidelidad, yo lo voy a “entender” con base en lo que yo he vivido, experimentado o escuchado sobre el tema. Sin embargo, para mí la infidelidad puede significar una cosa distinta que para ti. Por eso, si realmente quieres “entender” de lo que te habla una persona, lo más importante es preguntar.”

Las personas no hacen preguntas porque no les interesa conocer realmente a las otras personas. Ni siquiera se hacen las preguntas a sí mismos. Imagina lo difícil que es explicar lo que una palabra significa para ti, si tú misma no  la entiendes.

Para este momento de la plática mi parte defensiva había cedido y me había dejado de tomar personal todos estos cuestionamientos. Me di cuenta de que estaba teniendo una conversación en que había interés genuino por conocer la forma de pensar de cada quien y, para lograr esto, teníamos que profundizar entre preguntas. Así, sin pretender saber a lo que se estaba refiriendo cada una con su respuesta. 

Las personas no estamos acostumbradas a escuchar para tratar de comprender. Escuchamos para responder lo que nosotros sabemos o hemos experimentado sobre el tema.

Seguramente te ha pasado que compartes cualquier tipo de experiencia, situación o sentimiento y la persona que te esta “escuchando” responde: “Te entiendo, a mí me pasó lo mismo..”  y se suelta con su historia. Entonces todo lo que habías contado queda perdido en el espacio. Muchas veces no tienen la menor idea de lo que estabas tratando de decir y resulta que la historia ni era tan parecida a la tuya y, en una que otra ocasión, ni siquiera habías acabado de contar tu historia, cuando la otra persona comenzó con la suya.  

La platica concluyó con que no podemos entender como tal a las personas. Pero, si queremos realmente intentar comprender, hay que hacer preguntas, indagar, cuestionar y aclarar cómo ve cada uno el mundo. 

Tengo dos intenciones con compartir esta historia: La primera es invitarte, al igual que a mí misma, a realmente escuchar cuando estamos compartiendo una conversación con alguien más; a abrir más preguntas. Al igual que si queremos “entendernos” a nosotros mismos hay que hacerlas hacia adentro también.

La segunda, agradecerle a mi amiga Luisa por cuestionarme tanto. Podría decir que, después de mucho tiempo de no “entenderme”, hoy encuentro una sensación de paz por este entendimiento que el cuestionarme me regaló. 

Fer Philibert

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